
El “Coro Inolvidable”: madres buscadoras mexicanas quieren sanar su dolor con el canto y la oración
Por Belén Zapata/ ACI Prensa.
El “Coro Inolvidable” integrado por madres buscadoras en México subió la noche del viernes al escenario donde se desarrolla el Segundo Diálogo Nacional por la Paz para interpretar canciones populares del folclore mexicano y “resignificarlas a partir de la crisis de desaparecidos que vive el país”, explican.
Su voz ha servido para gritar consignas, cuando en grupo, salen a las calles a buscar a sus hijos e hijas desaparecidos y exigen a las autoridades su localización con vida.
Este encuentro sirvió también para cantar.
Esa voz de enojo se transformó en una voz melodiosa, triste, ahogada a veces por el llanto.
“Nos gana el sentimiento, nos gana el dolor y a veces no podemos ni hablar, revivimos cada cosa que nos duele muchísimo, por eso nos rompemos, simplemente alguna palabra es el detonante que nos vuelve a regresarnos al primer día de búsqueda de nuestros hijos”, dice a ACI Prensa Emma Alvarado que desde el 2020 busca a su hijo Javier Plascencia Alvarado.
“Yo he sufrido tanto por tu ausencia, desde ese día hasta hoy no soy feliz, aunque tengo tranquila mi conciencia, sé que puede haber yo hecho más por ti…” dice una de las canciones que eligieron para su repertorio.
La crisis de desaparecidos suma más de 120.000 personas, según cifras oficiales. Los casos se incrementaron en 2006 cuando el entonces presidente de México, Felipe Calderón, emprendió lo que llamó la guerra en contra del narcotráfico.
Las autoridades han explicado que muchos de los jóvenes que desaparecen son reclutados de manera forzada por bandas criminales, algunos de ellos son localizados sin vida en fosas comunes diseminadas por el territorio nacional.
“El canto es muy similar al desahogo que aventamos cuando nos manifestamos y hemos visto muy buenos resultados”, dice a ACI Prensa Guadalupe Aguilar, una de los rostros más visibles entre las madres buscadoras de Jalisco, al ser la desaparición de su hijo hace 14 años, uno de los primeros casos que alcanzó notoriedad.
“Lupita” como se le conoce, fundó también uno de los primeros colectivos de búsqueda que en 2024 recibió el Premio de Derechos Humanos Rey de España.
Dice que el canto acompañado de la fe “representa la esperanza y la esperanza significa saber esperar, tenemos fe en que algún día vamos a encontrar y que algún día esto va a parar”.
Ha terminado el primero de tres días de trabajo en el Segundo Diálogo Nacional por la Paz organizado desde el 2023 por la Iglesia Católica mexicana y organismos ciudadanos con el objetivo de encontrar formas de contribuir a la paz del país y luego de un día de conferencias, charlas y mesas de trabajo, la jornada se cierra con este concierto.
“Luna tú que lo ves, dile cuánto le amo, luna tú que los ves, dile cuanto lo extraño…”, entonan acompañadas de guitarristas y percusionistas voluntarios.
Cuestionadas algunas de ellas sobre los efectos de pertenecer a este coro, coinciden en que es terapia pura y resiliencia. Dicen que cuando cantan nombran y recuerdan a sus familiares desaparecidos.
“Son canciones de desamor, pero cuando ellas las cantas se resignifica al más grande amor incondicional que puede ser el del amor de una madre a un hijo desaparecido, desaparecida, con esto el canto las puede sanar, se puede crear desde el dolor y también expresarse, pero también con eso queremos visibilizar y denunciar de otra manera la crisis de desaparición que sobre todo es una crisis humanitaria”, dijo previo al concierto Miriam Rodríguez, coordinadora del “Coro Inolvidable”.
“Por la lejana montaña va cabalgando una madre, vaga solita en el mundo y va deseando la muerte…”, se escucha en otra de las interpretaciones.
El coro nació con el apoyo de la hermana María Dolores Ramírez Ramírez, carmelita del Sagrado Corazón e integrante de la Red Nacional por la Paz Jalisco.
“La hermana Lolis” como la llaman cariñosamente dice que esto es parte de las actividades que desde su congregación realizan para acompañar a las madres buscadoras.
Reconoce que muchas de ellas llegan con una fe lastimada por el dolor de perder a un hijo o hija.