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Dilexi te”: 
La fe no puede separarse del amor por los pobres

 Dilexi te”: La fe no puede separarse del amor por los pobres  El jueves 9 de octubre de 2025 se publicó la primera exhortación apostólica del Papa León XIV, una obra iniciada por el Papa Francisco con el tema del servicio a los pobres, en cuyo rostro encontramos "el sufrimiento de los inocentes". El Papa denuncia la economía que mata, la falta de equidad, la violencia contra las mujeres, la desnutrición y la emergencia educativa. Hace suyo el llamamiento de Francisco por los migrantes y pide a los creyentes que hagan oír "una voz que denuncie" porque "las estructuras de la injusticia deben ser destruidas con el poder del bien". 
Nota: Los números entre paréntesis en el artículo se refieren a los números de la "Dilexi te". Dilexi te, "Te he amado". El amor de Cristo, que se hace carne en el amor a los ​ pobres, entendido como cuidado de los

enfermos; lucha contra la esclavitud; defensa de las mujeres que sufren exclusión y violencia; derecho a la educación; acompañamiento a migrantes; limosna que "es justicia restaurada, no un gesto de paternalismo"; equidad, cuya falta es "la raíz de todos los males sociales". León XIV firma su primera exhortación apostólica, Dilexi te, un texto de 121 puntos que brota del Evangelio del Hijo de Dios, que se hizo pobre desde el momento en que llegó al mundo y que relanza el Magisterio de la Iglesia sobre los pobres en los últimos ciento cincuenta años.     
Siguiendo
a sus predecesores 
Con este documento firmado el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, cuyo título proviene del Libro del Apocalipsis (Ap 3,9), el Pontífice agustino sigue así los pasos de sus predecesores: Juan XXIII con su llamamiento a los Países ricos en Mater et Magistra para que no permanezcan indiferentes a los Países oprimidos por el hambre y la miseria (83); Pablo VI, Populorum Progressio y su intervención en la ONU "como defensor de los pobres"; Juan Pablo II, quien consolidó doctrinalmente "la relación preferencial de la Iglesia con los pobres"; Benedicto XVI y Caritas in Veritate con su interpretación "más marcadamente política" de las crisis del tercer milenio. Finalmente, Francisco, que ha hecho del cuidado "de los pobres" y "con los pobres" una de las piedras angulares de su pontificado.    
Una obra iniciada por Francesco y relanzada por León 
El propio Francisco había comenzado a trabajar en la exhortación apostólica en los meses previos a su muerte. Al igual que con la Lumen Fidei de Benedicto XVI, recogida en 2013 por Jorge Mario Bergoglio, también esta vez es el sucesor quien completa la obra que representa una continuación de Dilexit nos, la última encíclica del Papa argentino sobre el Corazón de Jesús. Porque el "vínculo" entre el amor de Dios y el amor por los pobres es fuerte: a través de ellos Dios "aún tiene algo que decirnos", dice el Papa León. Y recuerda el tema de la "opción preferencial" por los pobres, una expresión nacida en América Latina (16) no para indicar "exclusivismo o discriminación contra otros grupos", sino más bien "el actuar de Dios" que se mueve de la compasión hacia la debilidad de la humanidad. 
En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo (9).     
Los "rostros" de la pobreza 
Hay numerosos puntos de reflexión, numerosos impulsos a la acción en la exhortación de Robert Francis Prevost, en los que se analizan los "rostros" de la pobreza. La pobreza de "aquellos que no tienen medios de sustento material", "del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y capacidades"; pobreza "moral", "espiritual", "cultural"; la pobreza "de quienes no tiene derechos, ni espacio, ni libertad" (9).    

Nuevas pobrezas y falta de equidad 
Ante este escenario, el Papa considera "insuficiente" el compromiso de eliminar las causas estructurales de la pobreza en sociedades marcadas "por numerosas desigualdades", por la aparición de nuevas formas de pobreza "más sutiles y peligrosas" (10), por reglas económicas que han incrementado la riqueza, "pero sin equidad".  La falta de equidad es raíz de los males sociales (94).   
La dictadura de una economía que mata
"Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual, dice León XIV (13). Desde este punto de vista, "acoge con bienvenida" el hecho de que "las Naciones Unidas hayan colocado la derrota de la pobreza como uno de los Objetivos del Milenio". Sin embargo, el camino es largo, especialmente en una era en la que la "dictadura de una economía que

mata" sigue prevaleciendo, en la que los ingresos de unos pocos "crecen exponencialmente" mientras que los de la mayoría están "cada vez más alejados del bienestar de esta feliz minoría" y en la que "las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera" (92) están muy extendidas.   Cultura del desecho, libertad de mercado, cuidado pastoral de las élites 
Todo esto es una señal de que aún persiste —"a veces bien disfrazada"— una cultura del desecho que "tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas de los seres humanos" (11). El Papa entonces estigmatiza los "criterios pseudocientíficos" según los cuales será "la libertad del mercado" la que conducirá a la "solución" del problema de la pobreza, así como al "cuidado pastoral de las llamadas élites", según la cual "en lugar de perder el tiempo con los pobres, es mejor cuidar de los ricos, los poderosos y los profesionales" (114). De hecho, los derechos humanos no son iguales para todos (94). 
Transformar la mentalidad  

Lo que invoca el Papa, por tanto, es una "transformación de mentalidad", liberándose ante todo de la "ilusión de una felicidad que deriva de una vida cómoda". Esto empuja a muchas personas a una visión de existencia basada en la riqueza y el éxito "a toda costa", incluso a costa de otros y a través de "sistemas político-económicos injustos" (11). La dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no mañana (92). 
En cada migrante rechazado hay Cristo que llama a la puerta 
León XIV dedica entonces amplio espacio al tema de la migración. Para acompañar sus palabras, recuerda la imagen del pequeño Alan Kurdi, el niño sirio de 3 años que en 2015 se convirtió en símbolo de la crisis migratoria europea, con la foto del cuerpo sin vida en una playa. "Desgraciadamente, salvo alguna emoción momentánea, eventos similares están perdiendo relevancia como noticias marginales" (11), señala el Pontífice. Al mismo tiempo,

recuerda el trabajo de la Iglesia, a lo largo de los siglos, hacia quienes se ven obligados a abandonar sus tierras, expresado en centros de acogida, misiones fronterizas, en los esfuerzos de Caritas International y otras instituciones (75). La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad (75). Hablando de migración, Robert Prevost hace suyo los famosos "cuatro verbos" del papa Francisco: "Acoger, proteger, promover e integrar". Y también toma prestada la definición de los pobres del Papa Francisco, ellos no solo objeto de nuestra compasión, sino "maestros del Evangelio".  Servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales…Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada. (79). 
Mujeres víctimas de violencia y exclusión 
El Sucesor de Pedro analiza entonces los acontecimientos actuales marcados por miles de personas que mueren cada día "por causas vinculadas a la desnutrición" (12). "Doblemente pobres", añade, son "las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menos posibilidades de defender sus derechos" (12). 
"Los pobres no lo son por casualidad..." 
El Papa León XIV traza una reflexión profunda sobre las causas mismas de la pobreza: "Los pobres no lo son por casualidad ni por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad", señala (14). 
"Obviamente, entre los pobres también hay quienes no quieren trabajar", pero también hay muchos hombres y mujeres que quizá recogen cartones de la mañana a la noche solo para "sobrevivir" y nunca para "mejorar" sus vidas. En resumen, leemos en uno de los puntos focales de Dilexi te, no se puede decir "que la mayoría de los pobres son pobres porque no han adquirido méritos, según esa falsa visión de la meritocracia en la que parece que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida" (14). 

Ideologías y orientaciones políticas 
A veces, observa el Papa León, son los propios cristianos quienes son "infectados por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por orientaciones políticas y económicas que conducen a generalizaciones injustas y conclusiones engañosas." Hay quienes siguen diciendo: “Nuestra tarea es rezar y enseñar la verdadera doctrina”. Pero, desvinculando este aspecto religioso de la promoción integral, agregan que sólo el gobierno debería encargarse de ellos, o que sería mejor dejarlos en la miseria, para que aprendan a trabajar (114).
Limosna a menudo despreciada 
Un síntoma de esta mentalidad es el hecho de que el ejercicio de la caridad a veces es "despreciado o ridiculizado, como si fuera cuestión de la fijación de unos pocos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial" (15). Finalmente, el Papa se centra en la limosna, que rara vez se practicaba y a menudo es despreciada (115).    

Como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres (119). 
Indiferencia por parte de los cristianos 
En la misma línea, el Papa denota "la falta o incluso ausencia de compromiso" con la defensa y promoción de los más desfavorecidos en algunos grupos cristianos (112). Si una comunidad de la Iglesia no coopera para la inclusión de todos, advierte, "también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos" (113). Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres (36). 
El testimonio de santos, beatos y órdenes religiosas 
Para contrarrestar esta actitud de indiferencia, existe un mundo de santos, beatos, misioneros que, a lo largo de los siglos, han encarnado la imagen de "una Iglesia pobre para los pobres" (35). Desde Francisco de Asís y su gesto de acoger a un leproso (7) a la Madre Teresa, un icono universal de caridad dedicado a los moribundos de la India "con una ternura que era oración" (77). Y de nuevo San Lorenzo, San Justino, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, y su San Agustín que afirmaba: “Quien dice amar a Dios y no se compadece de los necesitados, miente” (45). León también recuerda el trabajo de los Camilianos para los enfermos (49), de las congregaciones femeninas en hospitales y residencias de ancianos (51). Recuerda la acogida en los monasterios benedictinos a viudas, niños abandonados, peregrinos y mendigos (55). Y también recuerda a franciscanos, dominicos, carmelitas, agustinos que iniciaron "una revolución evangélica" mediante un "estilo de vida sencillo y pobre" (63), junto con trinitarios y mercedarios que, luchando por la liberación de prisioneros, expresaron el amor de "un Dios que libera no solo de la esclavitud espiritual, sino también de la opresión concreta" (60). La tradición de estas Órdenes no cesó. Al contrario, inspiró nuevas formas de acción frente a las esclavitudes modernas: la trata de personas, el trabajo forzoso, la explotación sexual, las distintas adicciones. La caridad cristiana, cuando se encarna, se convierte en liberadora (61). 
El derecho a la educación 
El Pontífice también recuerda el ejemplo de San José Calasanz, quien fundó la primera escuela popular gratuita de Europa (69), para enfatizar la importancia de educar a los pobres: "No es un favor, sino un deber." Los pequeños tienen derecho a la sabiduría, como exigencia básica para el reconocimiento de la dignidad humana (72).   
La lucha de los movimientos populares 
En la exhortación, el Papa también se refiere a la lucha contra los "efectos destructivos del imperio del dinero" por parte de los movimientos populares, guiados por líderes "tan a menudo bajo sospecha e incluso perseguidos" (80). Estos, escribe, "nos invitan a superar «esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres" (81). 
Una voz que despierte y denuncie 
En las últimas páginas del documento, León XIV apela a todo el Pueblo de Dios para que "haga oír, aunque de diferentes maneras, una voz que despierte, denuncie, se exponga incluso a costa de parecer unos estúpidos". Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad, pero también con la ayuda de las ciencias y la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces en la transformación de la sociedad (97). 
Los pobres, no un problema social sino el centro de la Iglesia 
Es necesario que "todos nos dejemos evangelizar por los pobres", exhorta el Papa (102). "El cristiano no puede considerar a los pobres solo como un problema social: son una cuestión familiar. Son de los nuestros. Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia” (104). Los pobres están en el centro de la Iglesia (111). 
Salvatore Cernuzio   Vatican News